Reflexiones comprando ropa -usada- por internet.

Reflexiones comprando ropa -usada- por internet.

Reflexiones comprando ropa -usada- por internet.

Por Nico y Cata.


Sin duda una de las cosas que nos dejó esta cuarentena es tener que comprar online, algo a lo que muchos no estaban acostumbrados.

El desafío de comprar online nos presenta un escenario donde no podemos tocar ni sentir los productos, no podemos preguntarle a una vendedora o vendedor por su ayuda y tampoco podemos probarnos las prendas de vestir. Para nosotras, amantes de la ropa usada y del vintage de las ferias libres nos dejó un vacío gigante, aún pensamos en ese jueves 12 de marzo que fue nuestra última ida a la feria juntas (Nico y Cata), no teníamos idea lo que se venía por delante. En nuestro proceso de compradoras y re vendedoras de ropa usada y vintage, nos ha afectado bastante y ha sido un gran desafío no solo conseguir nuevos proveedores, crear nuevos sistemas de logística y asumir nuevos y mayores costos, si no también nos hemos visto frente a la frustración de sentirnos fuera del proceso de compra, por lo que reflexionamos respecto a esto y empatizamos también con nuestras clientas.

La forma en que vendemos y compramos cambió radicalmente, pero también nosotros lo hemos hecho estos últimos meses. Se supone que para cambiar un hábito y crear uno nuevo debemos mantenerlo durante 21 días, luego de eso ya se vuelve parte de nuestra rutina, y ya llevamos varios 21 días y varios nuevos hábitos.

Entre los desafíos más grandes que nos presenta el comprar y vender online, es el no poder conocer a la persona que nos está comprando/vendiendo. Debemos confiar casi a ciegas que esa persona cumplirá con lo prometido y quedaremos felices con el proceso. En esta relación de confianza entre comprador y vendedor, la comunicación es clave.

Todo el proceso de consumo ha cambiado radicalmente los últimos meses. Antes si necesitábamos un vestido de fiesta para el fin de semana, lo comprábamos a última hora, lo ocupábamos una vez y ahí quedaba, olvidado en nuestro clóset. En la actualidad ya no vamos a fiestas, si necesitamos una prenda especial o un producto especial debemos organizarnos y calcular el tiempo de despacho que una compra online requiere. Las compras que hacemos no son tan compulsivas como antes porque la situación no es la misma de antes y creemos honestamente que está super bien este proceso colectivo que estamos viviendo. Era necesario movernos un poco más lento, valorar un poco más lo que estamos consumiendo, como lo estamos consumiendo y porqué.

En este post queremos hablar un poco de eso, de cómo ha cambiado nuestro consumo y qué podemos hacer para que nuestra experiencia como compradores -y en algunos casos vendedores- sea mejor.

Ya no basta con consumir por consumir, sobre todo en la ropa. Las prendas de vestir ya no vienen a cumplir un rol casi de calmante de ansiedad en algún centro comercial. La ropa que estamos consumiendo actualmente tiene que aportar a nuestro bienestar, debe hacernos sentir bien y cómodas, y en algunos casos protegernos del frío y de la pandemia. Este cambio en la significación de las prendas de vestir también se han visto reflejados en el proceso de consumo, donde es muy importante que formemos parte activamente de este. 


Un concepto que ha sido re-significado y ha ido adquiriendo mayor relevancia estos últimos meses es la Responsabilidad. La responsabilidad es un valor que puesto en práctica se manifiesta como las acciones y el cuidado de la toma de decisiones de algo. Y también podríamos agregar que requiere de un nivel de compromiso, empatía, conciencia y consistencia. Resulta que hemos aprendido a vivir en un mundo lleno de responsabilidades y derechos, pero ahora nos damos cuenta que existen muchas asimetrías y desconsideraciones para que esta responsabilidad se de armónicamente desde todas las partes involucradas. Podemos ver que hoy se habla de la responsabilidad afectiva, y de cómo hemos tenido que deconstruir un sinfín de creencias y dinámicas tóxicas que perpetúan patrones violentos. Así también la responsabilidad del consumidor, que ya no va en sólo exigir que la publicidad no sea engañosa o que se cumplan los derechos del consumidor, sino que en la era digital e informática en la que estamos, es un deber informarse, es un deber reflexionar sobre las necesidades que tenemos, es un deber autogestionar nuestras inquietudes, preguntar antes de comprar y si necesitamos presentar un reclamo, siempre hacerlo desde la empatía y el respeto, por que la persona que está del otro lado es eso: una persona, que probablemente está viviendo las mismas angustias que tu en esta pandemia y crisis económica.

El neo-liberalismo y las grandes empresas nos han hecho creer en un sistema lineal, injusto, inconsciente, deshumanizado, opaco e inaccesible, en el cual por ejemplo en una parte del mundo nos vestimos con ropa linda que solo usaremos un par de veces mientras que en otras partes del mundo hay personas que están sufriendo por confeccionar nuestra ropa. Desde hace algún tiempo que hemos visto que algunxs hemos despertado y nos hemos movilizado a exigir un mundo distinto, un trato distinto, un vínculo distinto, un sistema distinto, una responsabilidad distinta. Hay que perder el miedo y empezar a relacionarnos de manera constructiva, eso no quiere decir que el deconstruir paradigmas nos exima del dolor, sino de intencionar desde la mejoría, el amor y lo colectivo.

Me gustaría compartir una experiencia personal (Nico) de una compra que hice ahora en cuarentena a una tienda online de ropa usada. Resulta que desde un inicio fui super amable con pedir la información del producto y coordinar la compra, y del otro lado recibí muchos monosílabos y respuestas cortantes. Dejé pasar la diferencia de calidez, los varios “visto” e incluso la falta de comunicación que hubo conmigo sobre el estado del envío de mi pedido, porque confié y no quise ser conflictiva. Me llega mi compra y en mi última esperanza de revertir la mala onda, decidí enviar una foto mía luciendo la prenda y nuevamente, “visto”. Esa fue la gota que rebalsó el vaso, porque sentí la injusticia e impotencia de la situación, así que decidí hacerme cargo. Yo, que también trabajo en ventas por internet -que además es el mismo rubro-, decido apañar a un emprendimiento más pequeño, soy amable y paciente y de vuelta solo recibo malos tratos y ghosting? No puede normalizarse. Me tomé el tiempo de redactar mi malestar de manera constructiva, revisando que cada palabra intencionara realmente mi sentir, y no sintiera que estaba funándola o tirando mala onda porque sí. Y para mi sorpresa (porque nunca lo había hecho y obviamente tenía mucho miedo de su reacción) su respuesta fue receptiva, me pidió disculpas y se dio cuenta de lo importante que es la comunicación. Creo que el gran aprendizaje de esta experiencia para mi fue: perder el miedo de comunicar lo que yo considero fundamental para el cambio y respetarme/empoderarme frente a una situación que me vulneró.

Ésa es la verdadera revolución, apropiarnos de nuestro valor y fuerza transformadora y humanizadora, porque hemos vivido muchos años en piloto automático y ya el planeta y la humanidad llegaron al punto crítico. Es comprender que el cambio y la toma de conciencia debe si o si partir en unx mismx para que se pueda contagiar, y que ojalá se viralice más rápido que el maldito bicho corona, para que quienes estamos luchando, alcancemos a vivir el cambio.

En esta cuarentena queremos invitarlas a consumir un poco más conscientes, pero no solo de las prendas de ropa que están comprando, que ojalá sean de creación local o de segunda mano (abajo el retail foreva), si no también queremos que se hagan parte y que formemos comunidad, que compartan sus inquietudes y sus dudas, que comenten todas las veces que sea necesario y que realmente sean parte del proceso. Tomemos en cuenta que somos todos personas, que necesitamos de la comunicación y darnos amorcito aveces, aunque solo sea a través de un mensaje, una reacción a una storie, un like o simplemente un mail buena onda. No nos olvidemos de saludar cuando mandamos un mensaje y de respetar al otro. Amor y apañe en estos tiempos difíciles. 

Las queremos caleta  ᐸ3

Por Nico y Cata.


Sin duda una de las cosas que nos dejó esta cuarentena es tener que comprar online, algo a lo que muchos no estaban acostumbrados.

El desafío de comprar online nos presenta un escenario donde no podemos tocar ni sentir los productos, no podemos preguntarle a una vendedora o vendedor por su ayuda y tampoco podemos probarnos las prendas de vestir. Para nosotras, amantes de la ropa usada y del vintage de las ferias libres nos dejó un vacío gigante, aún pensamos en ese jueves 12 de marzo que fue nuestra última ida a la feria juntas (Nico y Cata), no teníamos idea lo que se venía por delante. En nuestro proceso de compradoras y re vendedoras de ropa usada y vintage, nos ha afectado bastante y ha sido un gran desafío no solo conseguir nuevos proveedores, crear nuevos sistemas de logística y asumir nuevos y mayores costos, si no también nos hemos visto frente a la frustración de sentirnos fuera del proceso de compra, por lo que reflexionamos respecto a esto y empatizamos también con nuestras clientas.

La forma en que vendemos y compramos cambió radicalmente, pero también nosotros lo hemos hecho estos últimos meses. Se supone que para cambiar un hábito y crear uno nuevo debemos mantenerlo durante 21 días, luego de eso ya se vuelve parte de nuestra rutina, y ya llevamos varios 21 días y varios nuevos hábitos.

Entre los desafíos más grandes que nos presenta el comprar y vender online, es el no poder conocer a la persona que nos está comprando/vendiendo. Debemos confiar casi a ciegas que esa persona cumplirá con lo prometido y quedaremos felices con el proceso. En esta relación de confianza entre comprador y vendedor, la comunicación es clave.

Todo el proceso de consumo ha cambiado radicalmente los últimos meses. Antes si necesitábamos un vestido de fiesta para el fin de semana, lo comprábamos a última hora, lo ocupábamos una vez y ahí quedaba, olvidado en nuestro clóset. En la actualidad ya no vamos a fiestas, si necesitamos una prenda especial o un producto especial debemos organizarnos y calcular el tiempo de despacho que una compra online requiere. Las compras que hacemos no son tan compulsivas como antes porque la situación no es la misma de antes y creemos honestamente que está super bien este proceso colectivo que estamos viviendo. Era necesario movernos un poco más lento, valorar un poco más lo que estamos consumiendo, como lo estamos consumiendo y porqué.

En este post queremos hablar un poco de eso, de cómo ha cambiado nuestro consumo y qué podemos hacer para que nuestra experiencia como compradores -y en algunos casos vendedores- sea mejor.

Ya no basta con consumir por consumir, sobre todo en la ropa. Las prendas de vestir ya no vienen a cumplir un rol casi de calmante de ansiedad en algún centro comercial. La ropa que estamos consumiendo actualmente tiene que aportar a nuestro bienestar, debe hacernos sentir bien y cómodas, y en algunos casos protegernos del frío y de la pandemia. Este cambio en la significación de las prendas de vestir también se han visto reflejados en el proceso de consumo, donde es muy importante que formemos parte activamente de este. 


Un concepto que ha sido re-significado y ha ido adquiriendo mayor relevancia estos últimos meses es la Responsabilidad. La responsabilidad es un valor que puesto en práctica se manifiesta como las acciones y el cuidado de la toma de decisiones de algo. Y también podríamos agregar que requiere de un nivel de compromiso, empatía, conciencia y consistencia. Resulta que hemos aprendido a vivir en un mundo lleno de responsabilidades y derechos, pero ahora nos damos cuenta que existen muchas asimetrías y desconsideraciones para que esta responsabilidad se de armónicamente desde todas las partes involucradas. Podemos ver que hoy se habla de la responsabilidad afectiva, y de cómo hemos tenido que deconstruir un sinfín de creencias y dinámicas tóxicas que perpetúan patrones violentos. Así también la responsabilidad del consumidor, que ya no va en sólo exigir que la publicidad no sea engañosa o que se cumplan los derechos del consumidor, sino que en la era digital e informática en la que estamos, es un deber informarse, es un deber reflexionar sobre las necesidades que tenemos, es un deber autogestionar nuestras inquietudes, preguntar antes de comprar y si necesitamos presentar un reclamo, siempre hacerlo desde la empatía y el respeto, por que la persona que está del otro lado es eso: una persona, que probablemente está viviendo las mismas angustias que tu en esta pandemia y crisis económica.

El neo-liberalismo y las grandes empresas nos han hecho creer en un sistema lineal, injusto, inconsciente, deshumanizado, opaco e inaccesible, en el cual por ejemplo en una parte del mundo nos vestimos con ropa linda que solo usaremos un par de veces mientras que en otras partes del mundo hay personas que están sufriendo por confeccionar nuestra ropa. Desde hace algún tiempo que hemos visto que algunxs hemos despertado y nos hemos movilizado a exigir un mundo distinto, un trato distinto, un vínculo distinto, un sistema distinto, una responsabilidad distinta. Hay que perder el miedo y empezar a relacionarnos de manera constructiva, eso no quiere decir que el deconstruir paradigmas nos exima del dolor, sino de intencionar desde la mejoría, el amor y lo colectivo.

Me gustaría compartir una experiencia personal (Nico) de una compra que hice ahora en cuarentena a una tienda online de ropa usada. Resulta que desde un inicio fui super amable con pedir la información del producto y coordinar la compra, y del otro lado recibí muchos monosílabos y respuestas cortantes. Dejé pasar la diferencia de calidez, los varios “visto” e incluso la falta de comunicación que hubo conmigo sobre el estado del envío de mi pedido, porque confié y no quise ser conflictiva. Me llega mi compra y en mi última esperanza de revertir la mala onda, decidí enviar una foto mía luciendo la prenda y nuevamente, “visto”. Esa fue la gota que rebalsó el vaso, porque sentí la injusticia e impotencia de la situación, así que decidí hacerme cargo. Yo, que también trabajo en ventas por internet -que además es el mismo rubro-, decido apañar a un emprendimiento más pequeño, soy amable y paciente y de vuelta solo recibo malos tratos y ghosting? No puede normalizarse. Me tomé el tiempo de redactar mi malestar de manera constructiva, revisando que cada palabra intencionara realmente mi sentir, y no sintiera que estaba funándola o tirando mala onda porque sí. Y para mi sorpresa (porque nunca lo había hecho y obviamente tenía mucho miedo de su reacción) su respuesta fue receptiva, me pidió disculpas y se dio cuenta de lo importante que es la comunicación. Creo que el gran aprendizaje de esta experiencia para mi fue: perder el miedo de comunicar lo que yo considero fundamental para el cambio y respetarme/empoderarme frente a una situación que me vulneró.

Ésa es la verdadera revolución, apropiarnos de nuestro valor y fuerza transformadora y humanizadora, porque hemos vivido muchos años en piloto automático y ya el planeta y la humanidad llegaron al punto crítico. Es comprender que el cambio y la toma de conciencia debe si o si partir en unx mismx para que se pueda contagiar, y que ojalá se viralice más rápido que el maldito bicho corona, para que quienes estamos luchando, alcancemos a vivir el cambio.

En esta cuarentena queremos invitarlas a consumir un poco más conscientes, pero no solo de las prendas de ropa que están comprando, que ojalá sean de creación local o de segunda mano (abajo el retail foreva), si no también queremos que se hagan parte y que formemos comunidad, que compartan sus inquietudes y sus dudas, que comenten todas las veces que sea necesario y que realmente sean parte del proceso. Tomemos en cuenta que somos todos personas, que necesitamos de la comunicación y darnos amorcito aveces, aunque solo sea a través de un mensaje, una reacción a una storie, un like o simplemente un mail buena onda. No nos olvidemos de saludar cuando mandamos un mensaje y de respetar al otro. Amor y apañe en estos tiempos difíciles. 

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